jueves, 30 de enero de 2014

El príncipe de Maquiavelo. III.

Capítulo VI-De los nuevos estados que se adquieren con el esfuerzo personal y las armas propias.

Aconseja Maquiavelo seguir los caminos trazados por los pasos de los grandes hombres a fin de que si no logra igualarles, se les acerque. Presenta la aguda metáfora del arquero que conociendo los límites de su arco apunta a superior altura que su blanco, no para llegar a tal altura sino alcanzar su objetivo.

Los nuevos principados implican en su preservación una relación directa con el valor y fortuna de los príncipes que los fundan. Así, aquellos que alcanzaron el título en base a sus esfuerzos y talentos personales llegan con dificultad a su posición pero la asientan duraderamente pues está fundada en virtud de sus logros.

Supone gran dificultad la inicial introducción de nuevas instituciones, pues encuentra enemigos en aquellos favorecidos por el antiguo régimen y defensores moderados en los beneficiados por el nuevo, debido al temor a los disidentes y por la incredulidad de los hombres, los cuales no se convencen de la bondad de algo nuevo hasta que no lo ven confirmado en la práctica.

Hay que distinguir los innovadores que se sustentan en las propias fuerzas y los que requieren de fuerzas ajenas. Los primeros triunfan con la afirmación de su fuerza, los segundos quedan relegados al uso de la persuasión, fracasando siempre. La naturaleza voluble de los pueblos hace que resulte tan fácil convencerles de algo nuevo como difícil mantenerles en su convencimiento.

Capítulo VII- De los principados nuevos adquiridos mediante la fortuna y con armas ajenas.

Los que por mediación de la fortuna alcanzan el gobierno de un principado tienen un acceso rápido a su soberanía pero precario e inestable en su consolidación y sostenimiento. Es el caso de los que lo consiguen por dinero o por la mediación de un tercero. Se mantienen por la voluntad y fortuna de quienes les elevaron, ambos fundamentos volubles. Como en la natura, aquello que surge espontánea y rápidamente tarda poco en degradarse.

Capítulo VIII- De los que llegaron al principado por medio de maldades.

Posible acceso a la posesión de un principado es el ejercicio de cualquier medio vil para conseguir eliminar o subyugar el poder establecido a través del asesinato, la mentira o la conspiración (Ejemplos:Agatocles y Oliverotto de Fermo). Tales iniciativas no están exentas de la necesidad de un talento y fortaleza de ánimo extraordinarios, audacia y valor personales. Mas esta clase de acciones pueden proporcionar poder, pero nunca gloria. La feroz crueldad que supone les niega un lugar entre los grandes hombres, pues aunque si bien poseen fuerza, carecen de virtud.

Por otra parte, se observa que hombres de gran crueldad han logrado desarrollar su gobierno sin intentos de derrocamientos, debido a un buen uso de la crueldad. El empleo de la misma es aplicable cuando se realiza una sola vez de manera concentrada y con el objetivo de conseguir y consolidar el dominio, evitando repetir las injusticias tras el golpe inicial para transmitir a los súbditos un orden tras la infamia.

Capítulo IX- Del principado civil.

Otro modo de alcanzar la posición de príncipe es ser elevado a tal por la elección de los conciudadanos, por el pueblo o por los magnates.

Siempre emanan de la población dos fuerzas opuestas: el pueblo que rechaza la opresión de los poderosos y los poderosos que desean dominar y oprimir al pueblo. Este principado civil lo fundan el pueblo o los poderosos según se presente la oportunidad.

Los grandes aumentan el prestigio de uno de ellos y lo convierten en príncipe para facilitar la dominación. El pueblo, cuando no puede defenderse de la presión de los poderosos ensalza el prestigio de uno de sus miembros y lo convierte en príncipe para que su autoridad sea su defensa.

El príncipe civil que llega a su posición por acción de los poderosos tiene mayor dificultad pues se encuentra rodeado de muchos que se consideran sus iguales y a los que no puede dominar.

El que lo consigue por obra del pueblo está solo y no encuentra opositores entre el pueblo, pues su autoridad emana del apoyo popular.

El príncipe si tiene por enemigo al pueblo no puede estar seguro pues son muchos, pero si tiene a los poderosos sí pues son pocos. Además, un príncipe no puede cambiar a su pueblo pero sí a su nobleza.

Los grandes adoptan dos posturas respecto al príncipe: se vinculan totalmente a su fortuna y destino o no lo hacen. El primer grupo debe ser respetado y amado, mientras que el segundo si se conduce así por debilidad debes servirte de ellos, pero si lo hacen por ambición, tomarlos como enemigos tácitos pues te acabarán traicionando.

…cuando los ciudadanos necesitan de su autoridad y todos corren hacia él, le prometen y hasta le ofrecen su vida, porque la muerte está lejana. Pero en los tiempos adversos, cuando es el Estado quien tiene necesidad de los ciudadanos, pocos hallan con la misma disposición.

Capítulo X- De qué modo se han de medir las fuerzas de todos los principados.

Un príncipe puede sostenerse por sí mismo cuando por abundancia de hombres o dinero puede organizar un ejército capaz de dar batalla a cualquier asalto.

No puede sostenerse por sí mismo cuando por falta de ejército se ve obligado refugiarse tras sus murallas, caso en el cual es recomendable fortificar su residencia y no ser odiado por el pueblo. Mientras prevea víveres suficientes, resistirá.

Capítulo XI- De los principados eclesiásticos.

Se adquieren mediante virtud o fortuna y se conservan sin una ni otra, pues la fuerza y el arraigo del poder eclesiástico es tal que nadie los invade.

miércoles, 29 de enero de 2014

El Príncipe de Maquiavelo. II.

Capítulo I-De las clases de principados y de los modos como se adquieren.

Los estados y soberanías que tienen autoridad sobre los hombres son repúblicas o principados. Los principados son hereditarios (patrimonio de una línea dinástica) o nuevos. Esto últimos lo son enteramente (Milán para Francisco Sforza) o como adhesión a un principado hereditario (Nápoles para Fernando I). Los estados se conquistan con las armas propias o las ajenas, por medio de la virtús o de la fortuna.

Capítulo II. De los principados hereditarios.

La conservación de los estados hereditarios acostumbrados a la familia gobernante es más sencilla que la de los estados nuevos. Debe respetarse el orden establecido y estar atentos a los acontecimientos que les sobrevengan. Debido a su antigüedad no tienen necesidad de ofender a sus súbditos para establecerse y si evita los vicios, la aceptación de su autoridad y del orden histórico resulta natural.

Sin embargo, un cambio deja siempre sentada la base para nuevos cambios.

Capítulo III. De los principados mixtos.

Con objetivo de mejorar los hombres cambian de señor sin miramientos, pero las más de las veces la conquista perjudica a los nuevos súbditos, razón por la cual se convierten en enemigos aquellos cuyos intereses han sido dañados e, incluso, los que facilitaron la entrada en el país buscando en ello un beneficio.

Consejos para la conservación de un nuevo estado: Si el territorio conquistado posee la misma lengua que el conquistador la integración es más armoniosa y basta con extinguir la dinastía predecesora y no variar los tributos exigidos.

Si el territorio presenta diferencias de lengua, cultura y costumbres es una actuación eficaz trasladar la residencia real al territorio conquistado para afianzar la autoridad sobre él mismo. Así, se ven surgir los desórdenes con prontitud, los ciudadanos se ven libres del expolio a que pueden exponerlos los nuevos gobernantes, se puede apelar directamente al príncipe y la defensa del nuevo estado se vuelva más fácil y más improbable su pérdida.

Otra medida buena que puede desarrollarse es la de establecer colonias en el nuevo territorio en el cual poder introducir a población principado original en el conquistado, de tal forma que los expropiados queden tan perjudicados que no haya cabida para represalias y puedan los colonizadores armonizar el entramado popular en cohesión con la población autóctona.

A los hombres se los ha de ganar o aplastar, pues se vengan de las pequeñas ofensas pero no de las grandes.

El nuevo soberano debería ser defensor y protector de los débiles con objeto de debilitar a los más poderosos y evitar cualquier injerencia de un estado agresor, que siempre buscan el apoyo del miserable y desfavorecido en una conquista, pues son los que más ávidamente anhelan un cambio.

Importancia de la prudencia, entendida como sentido de anticipación. Acontece con esto lo que dicen los médicos que acontece con la tisis: en un principio es fácil de curar y difícil de reconocer, pero si pasa el tiempo, no habiéndola diagnosticado ni medicado, es fácil de reconocer pero difícil de curar.

Las guerra no se evitan aplazándolas, el retraso beneficia siempre al enemigo.

No hay nada más ordinario y natural que el derecho de adquisición y cuando lo ejercen hombre cuyas circunstancias lo permiten más dignos son de alabanza que de censura; pero cuando no pueden y quieren ejercerlo de cualquier manera, se tornan merecedores del desprecio y la censura.

Regla general: quien ayuda a otro a engrandecerse labra su propia ruina, puesto que para ello debe emplear o su habilidad o sus fuerzas, medios ambos que infunden grandes sospechas al que ha llegado a ser fuerte o poderoso.

Capítulo IV-Por qué razón el reino de Darío conquistado por Alejandro, no se rebeló contra los sucesores de éste después de su muerte.

En los principados hay dos formas de gobierno. El poder lo ostenta el príncipe quién designa gobernadores o ministros cuyo poder emana directamente de la gracia real y pueden ser depuestos y elegidos a su libre voluntad. O bien, el poder de la corona es secundado e incluso ensombrecido por el de una aristocracia nobiliaria, cuyo poder procede de la fuerza heráldica de la familia, independientemente de la decisión real.

Dos ejemplos que representan ambas vertientes son Turquía y Francia, respectivamente. Turquía tiene un solo señor que elige a sus siervos en cada provincia con libertad, mientras que Francia está plagada de nobles con poderío y privilegios que no puede ser rebatidos por el rey sin perjuicio de la estabilidad de su poder.

El primer tipo de gobierno será difícil de enfrentar en la conquista puesto que permanecerá unido por vínculos de lealtad y necesidad al señor original, aunque una vez depuesto éste y asesinada su familia no habrá rebelión alguna que temer.

El segundo tipo de gobierno es más fácil de conquistar que de mantener, pues mayor es la corruptibilidad de sus nobles, entre los que siempre habrá disidentes y partidarios del cambio de orden. Pero aún depuesta y extinguida la familia real dichos señores siempre se erigirán en conspiraciones solidarias a sus intereses.

Capítulo V-Del modo como han de gobernarse las ciudades o los principados que antes de la ocupación se regían por leyes propias.

Hay tres procedimientos para conservar un territorio conquistado con leyes propias: destruyéndolo, fijando allí la residencia o dejándoles vivir con sus leyes pagando un tributo, estableciendo un gobierno local que vigile su fidelidad. No obstante, el mejor procedimiento es la destrucción de la ciudad, pues una población con fueros por más beneficios o años que disten de su pérdida, tendrá siempre como pretexto para la rebelión el recuerdo de sus privilegios e instituciones.

El Príncipe de Maquiavelo.

Carta a Lorenzo de Medici

Antes del desarrollo del manuscrito hay una interpelación a su destinatario, Lorenzo el Magnífico, al cual dirige y enfoca la totalidad de la obra.

Maquiavelo le ofrece el conocimiento de las acciones de los grandes hombres, con un velo de cínica humildad que le permite resaltar su estado de precariedad económica y su regalo como el único que su situación y su talento le posibilitan realizar.

Expone su intención de evitar el adorno retórico a lo largo de su obra, en ventaja de la claridad y la fuerza práctica de sus ideas.

Así mismo, se disculpa por el atrevimiento que supone que un hombre de baja condición como la suya, pese a las experiencias que su actividad política le haya podido atravesar, se dirija al gobernante de facto de Florencia con ánimo de orientar su voluntad en el arte de gobernar.

Por último, deja caer la posibilidad de beneficio y justicia que la posición privilegiada de Lorenzo puede realizar ante la mala fortuna que ha abatido la situación de su persona.