-Sigo mi propia teoría, se llama logoterapia.
-¿Puede decirme, con pocas palabras, qué quiere decir con este término?
-Sí -le dije-, pero antes de contestarle, ¿podría usted definirme en una frase la esencia del psicoanálisis?
-En el psicoanálisis los pacientes deben recostarse en un diván y contar cosas que, a veces, resultan muy desagradables de decir.
-Pues bien, en la logoterapia, el paciente permanece sentado, bien derecho, pero tiene que oír cosas que a veces son muy desagradables de escuchar.
La logoterapia es un método psicoterapéutico cuya teoría fue desarrollada y puesta en práctica por el psiquiatra y neurólogo vienés Viktor Frankl. Es considerada la Tercera Escuela Vienesa de Psicología, en contraposición al psicoanálisis de Freud y la psicología individual de Alfred Adler.
El término que da nombre a la teoría nace de la palabra griega logos (λóγος) junto con la palabra, también griega, terapia (θεραπεία). Logos significa palabra, pero palabra nacida de la razón o el pensamiento, que ha sido meditada y reflexionada y, por tanto, expresa ya un argumento o razonamiento elaborado y formado. Significa también sentido, significado y propósito. Por otra parte, terapia es tratamiento médico y, por tanto, logoterapia viene a significar el tratamiento por medio del sentido.
Su fundamento se basa en la premisa de que la búsqueda del sentido de la existencia es la fuerza primaria que mueve al ser humano. Frankl llama a este impulso por parte del hombre "voluntad de sentido" y sostiene que es la principal motivación para el ser humano, sea o no sea consciente activamente de ella. La voluntad de sentido conforma un interrogante constante en la vida del hombre y nuestra naturaleza nos conduce a vivir a través de las respuestas que suscita en nosotros esta pregunta constante.
¿Qué debo hacer en esta vida para dotarla de un sentido?
Frankl rechaza los planteamientos que sostienen que, lo que llama sentido o los valores que lo acompañan, no son más que mecanismos de defensa, formaciones reactivas o sublimaciones. Irónicamente afirma: "Yo no desearía vivir como carnaza de mis mecanismos de defensa, ni me sentiría inclinado a morir por mis formaciones reactivas".
En cambio exclama convencido:
"El hombre no obstante, ¡es capaz de vivir e incluso de morir por sus ideales y principios".
Esta afirmación me recuerda vivamente a mi profesor de filosofía, que solía afirmar los mismo. Solía repetirnos en sus apasionantes clases que el hombre era el único animal capaz y dispuesto a morir por sus ideales, de formación propia o ajena.
Pero la voluntad de sentido y su perpetua búsqueda, además de los valores genuinamente humanos que surgen de la misma, no son fruto de una expresión humana, no son una extensión filosófica de sus inquietudes, ni el espejismo de la sed espiritual del hombre. Si fuera sólo un producto humano perdería su carácter imperativo, así como la capacidad de motivar y responsabilizar al ser humano de su propia existencia. El sentido de la vida no se inventa, se descubre, y no aparece como consecuencia o accidente de la vida, sino como fenómeno de interacción con ella.
Cabe aclarar por consiguiente que el sentido del que se está hablando no es un sentido universal, sino un sentido personal, profundamente humano, que representa la máxima responsabilidad del individuo para con su propia vida. En cada existencia individual surgen situaciones concretas y únicas, a las cuales el hombre tiene la posibilidad de responder de una forma que está orientada por su voluntad de sentido. Los principios morales del hombre no son un impulso instintivo que le empuja, sino una oportunidad que a través de su libertad puede elegir aceptar o rechazar.
Nuestros principios morales tiran de nosotros, orientando las decisiones que en el marco de nuestro libre albedrío podemos tomar para desarrollar y completar el sentido de nuestras vidas. No se centra en un sentido último y ulterior por ello (aunque lo contempla), sino en un sentido particular inherente a cada situación que la vida nos plantea.Así mismo, estos principios no son un fin en sí mismo, no obramos para conformarnos a estos principios y calmar una conciencia inquieta o atormentada, sino que son el efecto de la lucha del hombre por desarrollar metas y objetivos con los que se identifica.
Cuando no obedecemos o, mejor dicho, no nos dejamos guiar impelidos por nuestra voluntad de sentido, caemos en el estado de frustración existencial, que es definida por la logoterapia como neurosis noógena (noos=mente/genós=origen). Este término no alude a la realidad psicológica del individuo sino que está referenciado a la dimensión espiritual de la persona. Sin embargo, Frankl especifica que en este contexto la palabra "espiritual" no tiene una acepción de realidad trascendente, sino de realidad anímica y existencial total del ser humano.
Este planteamiento libera a la conciencia humana de la necesidad de simplificar su discurso a factores de pulsiones e instintos reprimidos por capas de racionalización, requerimientos sociales o frustraciones de la infancia. No niega que haya áreas de la psicología humana que puedan responder ante estos preceptos, pero da un paso más allá hacia un estadio de la experiencia humana que es clave emprender una vida plena de sentido y crecimiento interior. Entiende que hay una apetencia inapelable en la conciencia, de trascender a nuestras circunstancias condicionantes, para conectar con una sensación de correspondencia con nuestro cuadro vital.
Así mismo, para esta psicología, el sufrimiento deja de ser automáticamente un fenómeno neurótico o patológico. Cuando arraiga en una frustración existencial es incluso una ocasión propicia para conseguir un enriquecimiento interno. Conecta al individuo con su sentido personal, y le da la oportunidad para redefinir su identidad actualizándola a su contexto vital y alimentando sus necesidades existenciales.
Hay siempre una tensión latente en nuestras vidas, unos caminos que llaman con fuerza a nuestro ánimo y cuyo recorrido representa paisajes de realización personal. El cometido del logoterapeuta es dar visibilidad a la persona del logos oculto o potencial de su vida, desvelándole lo que auténticamente anhela en lo más profundo de su ser.
Este tipo de conflictividad interior o exterior es el que más favorece la búsqueda y el encuentro de un sentido vital. Este hambre de saber de la vida y responsabilizarse de ella dentro de la órbita de la conciencia es un mecanismo natural e indicativo de salud mental. En palabras de Frankl "Me atrevería a afirmar que nada en la vida ayuda a sobrevivir, como la conciencia de que la vida esconde un sentido" o como dicta la frase de Nietzsche que reiteradamente recuerda Frankl "El que tiene un porqué para vivir puede soportar cualquier cómo".
La tensión interior inherente a la existencia humano se puede describir como el gradiente de tensión entre "lo que uno ha logrado y lo que debe conseguir, lo que uno es y lo que debería llegar a ser". Hay un destino humano y psicológico en toda vida humana y no es para nada un destino griego y fatal del que nadie puede huir, sino más bien al contrario, un destino en el que debemos volcar todo nuestro contenido humano y nuestra voluntad individual para ser alcanzado. Una lucha que nos sitúa en dirección a nuestro sentido único y personal, como si fuera el norte de una rosa de los vientos que es diferente para cada suceso de nuestras vidas pero que siempre nos orienta hacia nuestra trascendencia personal.
Recuerdo una clase de biología de primero de bachillerato en la que un profesor nos explicó un término que me encantó: homeóstasis. Significa básicamente el estado de equilibrio interno que posibilita la vida, a nivel biológico y psicológico. Sin embargo, Frankl afirma que el ser humano no necesita vivir sin tensiones, sino que le resulta mucho más psicohigiénico vivir desarrollando un esfuerzo o lucha por unamisión u objetivo que le merezca la pena vivir. En el ámbito de se esta suposición se plantea la noódinámica como "la dinámica espiritual dentro de un campo de tensión bipolar, el cual un polo representa el sentido a consumar, y el otro corresponde al hombre que debe cumplirlo".
En este punto introduce una gran metáfora al respecto. Explica que cuando un arquitecto quiere apuntalar un arco en peligro de derrumbe, aumenta su tensión en la piedra clave o dovela central, de tal manera que ese incremento de presión tiende a cohesionar y fortalecer el conjunto. Es decir, si encontramos la clave central del arco de la espiritualidad de una persona cada tensión interior suscitada para resaltar y destacar esa persectiva de su existencia va a ayudar a la persona a dilucidar su sentido vital.
En cambio, ante una ausencia de voluntad de sentido, el hombre cae en un estado de vacío existencial, que puede disfrazar y ocultarse a sí mismo a través de capas y capas de vicios, obsesiones u obligaciones que le mantienen ocupado y abstraído de su existencia pero que, en definitiva, no apartan sino que sólo posponen el momento de enfrentamiento directo con su propia existencia. Este estado de pasividad filosófica y psicológica reduce al hombre a un conformismo angustioso en el que se diluye su voluntad de sentido en las confusas aguas de una banalidad lacerante y erosiva. Paulatinamente, va invadiendo a la mente un sentimiento de puro aburrimiento, de tedio y hastío, bien conocido de todos como afirma el verso de Baudelaire ("Tú conoces, lector, este monstruo delicado//-Hipócrita lector, -mi semejante, -¡mi hermano!"). El tedio y el vacío que produce devora la mente gradualmente hasta provocar una reacción, hasta reavivar la llama de la voluntad de sentido.
Ahora bien, cuál es esta voluntad de sentido que no para de reiterarse en esta teoría como objetivo principal y último de la existencia, aunque se especifica que no es un sentido abstracto y absoluto sino que depende de la persona, que nace de la interacción entre un hombre y su propia vida. La vida de cada persona es irrepetible y única y, por tanto, su sentido, es unívoco y directamente relacionado con esa vida, para la cual hay tareas que cumplir y, sobre todo, la gran oportunidad de realizarlas. Preguntar: ¿cuál es el sentido de la vida?. Es como preguntar a un maestro de ajedrez: ¿cuál es la mejor jugada de ajedrez?
Considerando la perspectiva inversa de la cuestión: "cualquier situación reclama de un hombre un reto o una respuesta que sólo él está en condiciones de responder". No nos corresponde a nosotros interrogar a la vida por su sentido o por lo que tiene que ofrecernos, sino que es la vida la que nos interroga, la que nos cuestiona continuamente, y la voluntad de sentido es nuestra reacción a ese interrogante. Respondemos de nosotros mismos y sólo "desde la responsabilidad personal se puede contestar a la vida".
De la responsabilidad con la propia vida nace el imperativo categórico de la logoterapia: "Obra así, como si vivieras por segunda vez y la primera vez lo hubieras hecho tan desacertadamente como estás a punto de hacerlo ahora". Este esquema de la intención la gran importancia del presente. No importa el pasado, puede condicionarte o no para esta acción concreta que tienes que consumar, pero eres un ser finito y tienes una finalidad en esta vida y, sobre todo, en este momento. Tómate cada momento de tu vida con toda la responsabilidad humana que merece, liberarse no es dejarse llevar o no evadir las soluciones difíciles, ser libre es responder a la vida responsabilizándonos de nosotros mismos y de todas las posibilidades de nuestro horizonte existencial.
La esencia del ser humano se encuentra en su necesidad imperante de autotrascenderse a sí mismo, no de autorrealizarse, es decir, no de centrarse en el perfeccionamiento de sus facultades y circunstancias, sino en la utilización de éstas para aportar algo al mundo, a alguien o a algo que está más allá de uno mismo. Nuestra intención de mejorar no nace del anhelo de ser mejores porque sí, sino de ser mejores para operar en el mundo de manera que podamos desde nuestra entrega percibir y realizar el sentido de la vida.
La logoterapia contempla tres vías para descubrir y realizar el sentido de la vida: realizando una acción, acogiendo las donaciones de la existencia o por el sufrimiento.
Las donaciones de la existencia se presentan principalmente a través de las obras o fenómenos que nos hacen sentir belleza, y a través del amor. El amor es según Frankl "el único camino para arribar a lo más profundo de un hombre", pues "nadie es conocedor de otro ser humano si no lo ama".
En cuanto a la vía del sufrimiento, no se refiere a que el sufrimiento dé un sentido a la existencia sino a que éste puede descubrirse y mantenerse a pesar del mismo. El sufrimiento nos da la oportunidad de mantener nuestra integridad incorruptible a través de la actitud que decidimos adoptar ante él. Puede ser extremo en intensidad e inevitable por las circunstancias pero siempre podemos elegir nuestra actitud ante él, y a través de esa actitud, de esa dignidad anímica, llenar de sentido nuestras vidas.
Una de las técnicas terapéuticas más utilizadas en la logoterapia es el denominado logodrama. Consiste en pedir al paciente que proyecte mentalmente una situación extrema y radical sobre su contexto actual o sobre la situación particular que le preocupe. En muchas ocasiones, consiste en pedir al paciente que se imagine en los últimos instantes de su vida y trate de responderse a sí mismo, qué es lo que hubiera hecho en el momento actual si lo viera desde esa perspectiva última, bajo el prisma del final de su vida, que es la manera que con más fuerza sale a relucir el sentido en nuestras vidas. Además, le aporta lejanía y lucidez, no se trata de lo que harías si fueras a morir al instante siguiente sino lo que te hubiera gustado vivir en ese momento si toda tu vida hubiese transcurrido ya y estuvieras a punto de morir al final de tu senectud.
Otro de los conceptos claves de la logoterapia es el suprasentido. El sentido último de la existencia, el suprasentido, es inaprensible para el hombre pues su capacidad intelectual es limitada. Si bien su voluntad puede orientarse en la dirección que más sentido proporcione a su vida, esto ocurre dentro del marco que su sensibilidad percibe, por lo que el sentido ulterior de sus acciones puede sentirse o intuirse pero permanece inalcanzable para su conciencia. Nuestras vidas pueden desarrollarse en armonía con ese sentido absoluto si nos ajustamos a nuestro sentido personal, pero éste permanece intangible y confiar en él fortalece la consistencia de nuestro propio sentido. En palabras de Frankl, al hombre "se le pide que asuma racionalmente su capacidad para captar la sensatez incondicional de la vida".
Por último, es interesante exponer la psicodinámica analizada por la logoterapia y los instrumentos de transformación que plantea.
Los mecanismos neuróticos se activan en la psique por ansiedad anticipatoria de forma que el miedo al suceso provoca precisamente el suceso temido. Por otro lado, ocurre también el fenómeno antagónico, aquello que deseamos que ocurra con mucha intensidad se ve bloqueado por exceso de intención. Es decir, el miedo provoca el suceso de pretende evitar, mientras que la intención excesiva bloquea el suceso que pretende realizar.
Este círculo vicioso del miedo que provoca lo que teme se vence por medio de una herramienta que invierte el proceso. Se denomina intención paradójica y consiste en, por un momento o por una ocasión, hacer exactamente lo contrario que nuestro miedo nos dicta. Tomar tu miedo y realizarlo intensamente, hasta rozar incluso el absurdo, de tal manera que en la interpretación del miedo se alcanza una distancia emocional de la ansiedad que provoca. Este método se nutre de la capacidad humana de distanciarse de uno mismo, de dejar de identificarse por unos momentos con el ego propio, para realizar un acto teatral del miedo que niegue al propio miedo o haga escarnio del mismo. Desde la distancia del humor se realiza el miedo y, de esta forma, se debilita. El ridículo o el sentido del absurdo difumina la fuerza psicológica del miedo, porque esa fuerza es la que nosotros transferimos inconscientemente al miedo que nos gobierna.
En definitiva, la logoterapia es una psicología que reconquista para el hombre su potestad para trascender a cualquier condicionante biológico, psicológico o social que se encuentre. El hombre pese a tener límites siempre puede elegir dentro de esos límites y, por tanto, responsabilizarse de su propia vida, responder con su vida a los retos que la vida le propone y realizarse a través del sentido único que sólo en su individualizad sucede y puede suceder. El hombre que contempla la logoterapia es un ser que se determina a sí mismo y como tal puede y debe autotrascenderse. Vive en un marco condicionado, pero siempre puede ELEGIR un CÓMO hacerlo y encontrar y realizar un PORQUÉ hacerlo.

