miércoles, 29 de enero de 2014
El Príncipe de Maquiavelo. II.
Capítulo I-De las clases de principados y de los modos como se adquieren.
Los estados y soberanías que tienen autoridad sobre los hombres son repúblicas o principados. Los principados son hereditarios (patrimonio de una línea dinástica) o nuevos. Esto últimos lo son enteramente (Milán para Francisco Sforza) o como adhesión a un principado hereditario (Nápoles para Fernando I). Los estados se conquistan con las armas propias o las ajenas, por medio de la virtús o de la fortuna.
Capítulo II. De los principados hereditarios.
La conservación de los estados hereditarios acostumbrados a la familia gobernante es más sencilla que la de los estados nuevos. Debe respetarse el orden establecido y estar atentos a los acontecimientos que les sobrevengan. Debido a su antigüedad no tienen necesidad de ofender a sus súbditos para establecerse y si evita los vicios, la aceptación de su autoridad y del orden histórico resulta natural.
Sin embargo, un cambio deja siempre sentada la base para nuevos cambios.
Capítulo III. De los principados mixtos.
Con objetivo de mejorar los hombres cambian de señor sin miramientos, pero las más de las veces la conquista perjudica a los nuevos súbditos, razón por la cual se convierten en enemigos aquellos cuyos intereses han sido dañados e, incluso, los que facilitaron la entrada en el país buscando en ello un beneficio.
Consejos para la conservación de un nuevo estado:
Si el territorio conquistado posee la misma lengua que el conquistador la integración es más armoniosa y basta con extinguir la dinastía predecesora y no variar los tributos exigidos.
Si el territorio presenta diferencias de lengua, cultura y costumbres es una actuación eficaz trasladar la residencia real al territorio conquistado para afianzar la autoridad sobre él mismo. Así, se ven surgir los desórdenes con prontitud, los ciudadanos se ven libres del expolio a que pueden exponerlos los nuevos gobernantes, se puede apelar directamente al príncipe y la defensa del nuevo estado se vuelva más fácil y más improbable su pérdida.
Otra medida buena que puede desarrollarse es la de establecer colonias en el nuevo territorio en el cual poder introducir a población principado original en el conquistado, de tal forma que los expropiados queden tan perjudicados que no haya cabida para represalias y puedan los colonizadores armonizar el entramado popular en cohesión con la población autóctona.
A los hombres se los ha de ganar o aplastar, pues se vengan de las pequeñas ofensas pero no de las grandes.
El nuevo soberano debería ser defensor y protector de los débiles con objeto de debilitar a los más poderosos y evitar cualquier injerencia de un estado agresor, que siempre buscan el apoyo del miserable y desfavorecido en una conquista, pues son los que más ávidamente anhelan un cambio.
Importancia de la prudencia, entendida como sentido de anticipación. Acontece con esto lo que dicen los médicos que acontece con la tisis: en un principio es fácil de curar y difícil de reconocer, pero si pasa el tiempo, no habiéndola diagnosticado ni medicado, es fácil de reconocer pero difícil de curar.
Las guerra no se evitan aplazándolas, el retraso beneficia siempre al enemigo.
No hay nada más ordinario y natural que el derecho de adquisición y cuando lo ejercen hombre cuyas circunstancias lo permiten más dignos son de alabanza que de censura; pero cuando no pueden y quieren ejercerlo de cualquier manera, se tornan merecedores del desprecio y la censura.
Regla general: quien ayuda a otro a engrandecerse labra su propia ruina, puesto que para ello debe emplear o su habilidad o sus fuerzas, medios ambos que infunden grandes sospechas al que ha llegado a ser fuerte o poderoso.
Capítulo IV-Por qué razón el reino de Darío conquistado por Alejandro, no se rebeló contra los sucesores de éste después de su muerte.
En los principados hay dos formas de gobierno. El poder lo ostenta el príncipe quién designa gobernadores o ministros cuyo poder emana directamente de la gracia real y pueden ser depuestos y elegidos a su libre voluntad. O bien, el poder de la corona es secundado e incluso ensombrecido por el de una aristocracia nobiliaria, cuyo poder procede de la fuerza heráldica de la familia, independientemente de la decisión real.
Dos ejemplos que representan ambas vertientes son Turquía y Francia, respectivamente. Turquía tiene un solo señor que elige a sus siervos en cada provincia con libertad, mientras que Francia está plagada de nobles con poderío y privilegios que no puede ser rebatidos por el rey sin perjuicio de la estabilidad de su poder.
El primer tipo de gobierno será difícil de enfrentar en la conquista puesto que permanecerá unido por vínculos de lealtad y necesidad al señor original, aunque una vez depuesto éste y asesinada su familia no habrá rebelión alguna que temer.
El segundo tipo de gobierno es más fácil de conquistar que de mantener, pues mayor es la corruptibilidad de sus nobles, entre los que siempre habrá disidentes y partidarios del cambio de orden. Pero aún depuesta y extinguida la familia real dichos señores siempre se erigirán en conspiraciones solidarias a sus intereses.
Capítulo V-Del modo como han de gobernarse las ciudades o los principados que antes de la ocupación se regían por leyes propias.
Hay tres procedimientos para conservar un territorio conquistado con leyes propias: destruyéndolo, fijando allí la residencia o dejándoles vivir con sus leyes pagando un tributo, estableciendo un gobierno local que vigile su fidelidad. No obstante, el mejor procedimiento es la destrucción de la ciudad, pues una población con fueros por más beneficios o años que disten de su pérdida, tendrá siempre como pretexto para la rebelión el recuerdo de sus privilegios e instituciones.
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