Nuestra generación es muy realista pues, después de todo hemos llegado a conocer al hombre en estado puro: el hombre es ese ser capaz de inventar las cámaras de gas de Auschwitz, pero también es el ser que ha entrado en esas mismas cámaras de gas con la cabeza erguida y con el Padrenuestro o el Shemá Israel en los labios.
El último acorde del libro
Es una frase apabullante, que cierra el libro con la imagen indeleble de que el ser humano compone una psicología polifacética, tan capaz de entregarse a la esperanza aún desde el seno de la oscuridad, como de ejercer la maldad más deshumanizadora en sus semejentes, destruyendo cualquier tenue luz que permita alumbrarle a la vida un sentido.
El 27 de abril de 1945 Viktor Frankl fue liberado por el ejército norteamericano del campo de concentración de Türkheim tras tres años sobreviviendo en varios campos de concentración. Tras su liberación, es informado de la muerte de su madre y su mujer, que ocurrió poco después de ser deportadas a otros campos de concentración (en alemán Lager), a la edad de 65 y 25 años respectivamente. Su pérdida se unió al lacerante recuerdo de que su mujer estaba embarazada antes de su reclusión. Como estaba prohibido dar a luz en el Lager, fue obligada a abortar. Aún así, antes de realizarse el aborto, decidieron elegir nombre para el hijo o la hija que jamás nacería: Marion si era niña y Harry si era niño. En su libro Psicología y humanismo la dedicatoria está dirigida a ellos: "Para Harry y Marion, que no han nacido todavía".
Este suceso se me representa como una metáfora de su pensamiento. Viktor Emil Frankl era un hombre con la fuerza moral necesaria para bautizar a su hijo o hija con un doble nombre con que nombrarles, recordarles e, incluso, honrarles el resto de su vida. En sus nombres relumbra la esperanza, en sus nombres resiste el "todavía".
El regreso a la libertad fue duro. Frankl se encontraba físicamente consumido, psicológicamente arrasado, no le quedaba familia alguna, sus propiedades habían sido destruidas, no encontraba trabajo en ciudades que comenzaban a enfrentar la mísera posguerra (Munich/Viena), ni amigos en condiciones de echarle una mano. En su vida anterior, había sido un psiquiatra y neurólogo con una carrera prometedora. Tenía consulta privada propia y acaba de ser nombrado director de la sección de Neurología del Hospital Rothschild. En su vida personal, se había casado hacía apenas un año con su joven esposa, de la que esperaba un hijo.
Sumamente débil, con problemas para subsistir económicamente, un aluvión de recuerdos traumáticos inundando su mente y una profunda angustia existencial, considera seriamente el suicidio como salida plausible de su precario estado emocional. Tan sólo un último hilo le aferra a la vida. Al ingresar al Lager Frankl llevaba el manuscrito de su primer libro, que estaba apunto de publicar: Psiconálisis y Existencialismo.El primer día un oficial descubre y destruye el manuscrito original , del que sólo pudo reescribir algunas ideas principales en papeluchos, que garabateó en los días en los que, enfermo de tifus, decide concentrarse en recomponer las ideas claves de su libro para mantenerse lúcido y alejar las alucinaciones previas a la muerte. Una vez fuera del Lager, se promete a sí mismo no suicidarse hasta, al menos, haber reescrito el libro perdido. En su internamiento, le había angustiado enormemente el hecho de que ningún hijo suyo, ni físico (su hijo), ni espiritual (su libro), le sobreviviera.
Por fortuna, su amigo Paul Polak conservaba una copia del documento que le había entregado la noche anterior a su detención. Fue posible en poco tiempo imbricar las notas que había realizado en el campo con la copia del manuscrito, consiguiendo el texto definitivo de Psicoanálisis y Existencialismo que obtuvo un gran éxito de ventas.
Tras ello, surge en Frankl la imperante necesidad de sublimar a través de una nueva obra todas las vivencias que obstruían y atormentaban su mente. En el apogeo del sentimiento de duelo y desolación en el que la muerte de todos sus seres queridos le habían sumido y con el shock postraumático de las recientes experiencias terribles que había vivido, acechando su salud física y mental, decide emprender la redacción de El hombre en busca de sentido (varios nombres ha tenido, pero este es el último y definitivo de ellos).
La escritura del libro concluye en nueve días y tiene lugar en la pequeña habitación alquilada en la que vivía, en Viena. Contrata a tres mujeres que se alternan para taquigrafiar la expresión verbal de los recuerdos, las experiencias y los pensamientos que los atroces años de encierro habían imprimido en su mente, reflejados a través de su prisma intelectual particular, la psiquiatría. Trabajó de manera compulsiva articulando minuciosamente cada frase, cada palabra, reformando una y otra vez el texto desarrollado mientras exprimía cada poso de sus fondos emocionales para revivir y registrar la naturaleza psicológica de su reclusión en el Lager. De alguna manera, mientras expresaba en voz alta su percepción reflexionada de los años de encierro, se distanciaba de la experiencia a través del frenesí creativo, purgando su sufrimiento por medio de la redacción del libro.
Esta es una breve y leve presentación del génesis biográfico en el que se forja la escritura de El hombre en busca de sentido.

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