lunes, 9 de junio de 2014
David Copperfield-Charles Dickens (Reseña crítica personal).
"Nadie pondrá en duda que soy un padre afectuoso con todos los hijos de mi imaginación, y que ningún otro progenitor puede querer a su familia con tanta ternura. Pero, como muchos padres afectuosos, tengo un hijo favorito en el fondo de mi corazón. Y su nombre es David Copperfield".
Charles Dickens.
Como la cita anuncia nos vamos a adentrar en la obra más amada por Dickens de entre todos los hijos de su imaginación. Fue publicada en 1849 por entregas, formato que prefería para facilitar económicamente el acceso a sus obras a los menos pudientes y porque le permitía observar la reacción de su público literario, evaluando con ella, el desarrollo de las siguientes entregas. Posteriormente siempre se publicaba en formato libro, en este caso, en 1850.
La raíz de este cariño especial a David Copperfield se justifica por la marcada componente autobiográfica que el autor despliega en sus páginas. Dickens creció en Camden Town, uno de los suburbios más desfavorecidos del Londres victoriano e industrial, hasta que su padre fue encerrado por impago en la cárcel de deudores de Marshalsea, a la que se traslado a vivir gran parte de la familia pero no Dickens. Se vio forzado a trabajar en condiciones deplorables a la edad de 12 años en una fábrica de betún que regentaban parientes de su madre para pagar su propio hospedaje y manutención y ofrecer una leve ayuda a su familia.
No recibió ninguna educación formal hasta la edad de 9 años, pero fue un gran autodidacta y un lector precoz y voraz, lo que inició y estimuló su carácter literario y su inmensa imaginación.
Su gran talento y capacidad de esfuerzo le hizo recorrer a partir de los 15 años toda clase de ambientes y posibilidades, que sus inquietudes iban abriendo en su realidad.Comenzó como reportero en un periódico, se formó con éxito en el árido y complejo mundo de la taquigrafía judicial, trató de abrirse paso en el oficio de la interpretación teatral y empezó a cobrar presencia en algunos periódicos de la época. Esa fue su puerta hacia la composición literaria y con el seudónimo de Boz comienza su camino hacia el trono de la literatura que conservará para la posteridad. No obstante ha de considerarse como su primera novela, con trama muy cambiante pero contínua y estructura de carácter narrativo, "Los papeles póstumos del Club Pickwick".
No pretendo exponer una biografía de Dickens,pero a la luz de estas singularidades biográficas nos hallamos capaces de interpretar importantes escenas, personajes y reacciones de la novela. Podemos ver las estelas de la vida del autor en la ausencia prematura del padre; el desamparo del niño desatendido y abandonado por la madre a tormentas de miseria y desventuras; la burla irónica y amable pero incisiva al padre en la insolvencia adeudada y continua del señor Micawber; su ímpetu incansable de prosperar a caballo sobre las propias facultades y la parada final de su diletantismo laboral en su pasión última:la escritura.
El libro es un recorrido en primera persona de la memoria del protagonista, que con su voz nos conduce desde su nacimiento accidentado, por toda una vida llena de adversidades y aventuras, acompañada por una corte de personajes que se dibujan vivamente desde la caricatura excéntrica hacia la más conmovedora y profunda humanidad. El alma palpitante de estas letras es la inocencia inquieta, expansiva y bondadosa con que su protagonista contempla y dialoga la vida.
Desde su más tierna infancia inflamada por la presencia y recuerdo de la madre (recuerdo, todo aquí es recuerdo), los años de liviana y vaporosa felicidad infante están cargados de una atmósfera de intenso amor y hogar. La ruptura, la contradicción de todo su mundo, llega con el matrimonio entre su madre y el señor Murdstone que supone el comienzo de la separación inexorable de la madre y, a la vez, la edificación interna y anímica de nuestro pequeño héroe, guiado siempre por una estrella de buen sentimiento que amanece y brilla presente en cada una de sus acciones.
Se le arroja con todo el peso de decisiones que él nunca toma al mundo abierto con toda la realidad desnuda de dureza, crueldad, belleza, seducción, peligro y salvación que sus pasos ciegos pero ricos en corazón sortean con pasión, sufrimiento y alegría. Nota la presión de una firmeza paternal y neurótica que quiere aplastar su nervio e ímpetu para la vida, entra su fascinada inocencia en contacto con la carismática y magnética personalidad de Steeforth, es condenado a la más pronunciada miseria y humillación para ascender entre harapos y pasos valientes a los brazos de su huraña tía Betsey Trotwood. Y así se va abriendo camino y forjando un corazón, templado con las luces y las sombras de los amigos y enemigos que las vicisitudes del tiempo le regala. Porque esa inocencia natural que le caracteriza, su ímpetu de excelencia y la fidelidad tierna con sus lazos, deslizan una venda sutil sobre sus ojos que ennoblece su presencia, que depura su percepción, mientras su integridad crece fértil y sin sombra.
Sin embargo, no deja de ser nuestro señorito David siempre un aprendiz, un corazón indisciplinado que en su actividad y carrera aprende y asciende como la cometa del señor Dick (el chiflado que se desvivía en ayudar cuando olía un ápice de desgracia)hacia cielos más libres y conscientes del amor y la felicidad. Que aprende por qué eligió desposar a Dora desde el momento en que el embeleso de su azul mirada le encendió la sangre y la última exigencia de ésta, en su lecho de muerte, antes de que la mano de Agnes le señalara en el cielo, el camino que tardaría años en intuir y desvelar.
Por último, quisiera opinar con clamor que esta novela es luz. No hay algo concreto que señalar, al igual que ocurre con el destino que señalaba Agnes en los cielos para desvelar la partida de Dora, pero puedo decir que a medida que recorría las páginas de esta novela en mi corazón llegaba en expansión una profunda y conmovida pero no sentimental, marea de paz, esperanza y alegría. Porque desconozco si es por la nitidez, belleza y sublime ritmo de las palabras del autor o por la red vibrante de historias, personas e ímpetus que aparecen y se silencian cual sinfonía a lo largo de la novela, pero sé que este libro expresa parte del alma humana y que esta parte, es buena.
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